
Tyler Hamilton escribió una página épica camino de Bayona. EFE
Jesús Vidal
Redacción, 17 jul 2009- El ciclista estadounidense Tyler Hamilton, de 38 años, ha sido suspendido durante ocho años por reincidir en prácticas de dopaje. Durante la Vuelta a España de 2004, muy poco tiempo después de conquistar el Oro Olímpico de contrarreloj en Atenas 2004, se convirtió en el primer corredor de la historia en dar positivo por el sistema de dopaje de transfusión sanguínea, y cuando ya habái cumplido su sanción, y estaba preparado para apurar su último tramo competitivo, volvió a ser controlado positivo por testosterona o sus precursores.
Con la sanción impuesta ayer por la USADA, agencia antidopaje estadounidense, la sombra parece triunfar definitivamente sobre la carrera de un controvertido y genial profesional que ha brindado páginas épicas a nuestro deporte.
A su edad, parece casi imposible que podamos volver a ver a Tyler caalgando sobre su montura de nuevo, y, en la práctica, es la primera figura que tendrá que hacer frente a una pena profesional de por vida.
Pero la oscuridad no puede ensombrecer el resplandor de su metal, conseguido limpiamente en Atenas, ni todo el trabajo y el espectáculo que el yanquee dejó a todos los amantes del ciclismo.
Quizá no sea un héroe, pero lo que es seguro es que este deportista es una gran víctima de un sistema enfermo, porque, por una parte, la legislación antidopaje en el ciclismo es más dura que en otros deportes, y, por otra parte, esta sanción ha sido adoptada por la Agencia Estadounidense Antidopaje, que asiste impasible al circo de la NBA, donde no se puede meter, y, sin embargo, no tiene el pulso débil para castigar el crepúsculo de un sol que nunca pudo brillar en todo su esplendor.
y es que Tyler Hamilton era uno de esos pocos talentos que nacen muy de vez en cuando, dotado de una gran agilidad en la escalada, de una gran técnica contra el crono y de un pundonor, coraje y resistencia al sufrimiento que demostraron que el ciclismo, pese a toda la mierda que le han echado algunos medios de comunicación, algunas instituciones estatatales, e incluso, algunos ciclistas, sigue mereciendo la pena.
No es que desde este blog se defienda el dopaje, lo que se pide son sanciones proporcionadas para todos los deportistas, y no una doble vara de medir.
Al ver la noticia en los medios, uno se acuerda del gran gregario de Lance Armstrong, que subía los puertos a un ritmo infernal para que su jefe fuera en carroza.
No en vano, en el libro de Armstrong “Mi Vuelta a la Vida”, en el que Lance relata su lucha contra el cáncer, el nombre de Tyler aparece entre las dedicatorias iniciales.
También está presente la imagen de la heroíca resistencia contra el dolor que Hamilton realizó en el Giro 2002, en el que consiguió acabar segundo con una clavícula rota.
Pero, sobre todo, el verdadero legado de este profesional, su viacrucis de sangre, sudor y lágrimas, se vivió el 23 de julio de 2003, camino de Bayona, donde, con una clavícula rota, aguantó más de 100 kilómetros en solitario para conseguir la victoria en línea más importante de toda su carrera.
En las duras rampas del Col de Bagarguy Hamilton demarró y dejó la a sus compañeros de escapada, entre los que estaba el español del iBanesto.com Juan Miguel Mercado. En los 8,8 kms al 9,2 por ciento de pendiente media que tenía ese duro coloso pirenaico, abrió hueco y a partir de ahí hizo una contrarreloj y mantuvo su ventaja en torno a los 3 ó 4 minutos.
ni el Euskaltel Euskadi, ni el Fassa Bortolo ni el Telekom pudieron con la fuerza, el tesón y la fe de este completo corredor, que ahora ve empañado su recuerdo por un mal que afecta a todo el ciclismo.
“La primera semana casi me bajo de la bicicleta. Me levantaba con dolores terribles y no sabía si me tendría que marchar durante la etapa o al día siguiente. He superado el combate gracias a mis compañeros y a ellos dedico esta victoria”, declaró ese día Hamilton, un hombre que fue muy generoso en su amor hacia la épica del deporte, pero que no fue correspondido por ella. El Águila.