Jesús Vidal
Redacción, 24 jun 2009,- El Giro de Italia’09 fue el Giro del Centenario, del retorno de Lance Armstrong a la gran competición tras tres años ausente de ella y de la victoria final de Denis Menchov, quien por culpa de una caída no pudo celebrar su triunfo hasta que no cruzó la línea de meta de Roma.

Menchov tuvo que levantarse del suelo para ganar el Giro. EFE
De Roma, sí, no de Milán, pues la Corsa Rosa este año finalizó en La Ciudad Eterna para celebrar los 100 años de esta prueba.
La organización, para celebrar esta fecha tan señalada modificó el diseño tradicional de la prueba, y en vez de transitar por pueblos pequeños, con los Dolomitas al final, llevó el recorrido a ciudades como Bergamo o Bolonia, pero a través de trazados sinuosos y empinados que convirtieron casi todas las llegadas urbanas en un espectáculo.
No faltaron tampoco los tradicionales circuitos en las ciudades, entre los que destacó el de Milán, pues al no ser final de vuelta, los ciclistas jugaron a sindicalistas españoles y protagonizaron un polémico plante en aras a su seguridad que ni ellos mismos entendían.
Al final, la etapa no contó para la general y pelillos a la mar, con el físico seguro pero sin decir ni pío sobre el polémico sistema antidopage.
Esa tarde, los corredores parecían portavoces de UGT o de CCOO hablando del aumento del paro en España.
O sea, casi se mata el español Pedro Horrillo al despeñarse por un barrranco y nadie se mueve, pero algunos niños bien ven peligrar su peinado para la foto de Milán y se monta la marimorena.
Lo mismo sucedió con la esperada subida al Blockhaus; nos quedamos con las ganas de verla entera y en su lugar asistimos por la tarde a unas decenas de kilómetros típicos de un primer sector matinal.
La etapa reina del Giro, que finalizó en Monte Petrano, fue vencida brillantemente por el español Carlos Sastre, quien también se apuntó el triunfo en la primera subida completa que realiza una gran vuelta por etapas al volcán mítico y milenario del Vesubio.
Durante el camino a la cima se pudieron ver las ruinas de Pompeya y Herculano, y parecía que romanos de hace 2.000 años se iban a levantar de su sepultura para saludar a la caravana rosa a su paso por la Campania.
Estos detalles son los que hacen del Giro una carrera única, preferida por muchos amantes del ciclismo al mismísimo Tour de Francia.
Denis Menchov, en la etapa final de este Giro que siempre se recordará, patinó entre el asfalto mojado y casi se deja sobre él su victoria, pero no hizo como muchos de sus compañeros en Milán.
Se levantó y corrió en pos del triunfo más importante de su carrera, sin rendirse ante la lluvia, el miedo al fracaso o el dolor.
Sin duda, el pundonor del ruso y la vuelta a la gran competición del siete veces ganador del Tour Lance Armstrong por una causa benéfica y su progresión en la última semana contribuyeron a darle al Giro del centenario un punto de épica que algunos parecieron querer quitarle. El Águila


Por detrás entró Menchov, que salvó los muebles y el maillot rosa, a 25 segundos, con Di Luca a continuación a 26 e Ivan Basso cuarto a 29.



